La llamada que cambió al “Señor de los Gallos”: el audio atribuido a El Mencho que puso en alerta a las autoridades
Una grabación telefónica atribuida a Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), se convirtió en uno de los episodios más comentados dentro de la historia reciente del narcotráfico en México. El audio, que habría ocurrido el 8 de septiembre de 2016 según reportes periodísticos, muestra una conversación tensa entre quien se identifica como el capo y un mando policial denominado “Delta 1”. Este intercambio reflejaría el nivel de influencia y presión que el grupo criminal ejercía en diversas regiones del país.
En la conversación, la voz atribuida al líder criminal inicia con una frase directa: “Soy Mencho, güey”, tras la pregunta del oficial sobre quién estaba llamando. A partir de ese momento, el tono se vuelve intenso, con solicitudes para que el agente “relaje” a su gente, acompañadas de advertencias y comentarios que insinuaban tener identificados a decenas de policías bajo el mando del oficial en el municipio de Chacala, Jalisco. Este tipo de afirmaciones evidenciaría el alcance de información que el grupo delictivo decía poseer en ese momento.
Un diálogo que mostró el poder del CJNG
Durante la llamada, el supuesto Mencho continuó lanzando mensajes de presión, mientras que el oficial respondía con cautela, limitándose en gran medida a asentir y mantener una actitud prudente. Hacia el final de la conversación, la voz ofrece disculpas por el lenguaje utilizado, reiterando la petición de que las fuerzas de seguridad disminuyeran la presión operativa y solicitando que el mensaje fuera transmitido a otros mandos.
Este episodio reflejaría el contexto de violencia y tensión que vivían estados como Jalisco, Michoacán y Colima, regiones donde el CJNG había consolidado una presencia significativa. Las corporaciones de seguridad enfrentaban amenazas constantes y escenarios de alto riesgo, lo que convirtió este tipo de comunicaciones en evidencia del poder que el grupo criminal había alcanzado en esos años.
Consecuencias y reacción de las autoridades
De acuerdo con información difundida posteriormente, un día después de la supuesta llamada, autoridades federales habrían confirmado la detención del policía que tuvo contacto con el líder criminal, aunque no se revelaron detalles sobre su identidad ni sobre posibles cargos. El caso aumentó el interés de las autoridades en rastrear y ubicar al capo, quien hasta entonces ya figuraba como uno de los objetivos prioritarios de seguridad nacional.
Tras ese episodio, reportes señalan que Oseguera Cervantes habría comenzado a modificar su estilo de vida, adoptando mayores medidas de seguridad y manteniendo un perfil más reservado. También trascendió que desarrolló aficiones como la crianza de ganado y los gallos de pelea, actividades que contribuyeron a la construcción de su apodo como el “Señor de los Gallos”.
El impacto en su trayectoria criminal
Aunque la llamada no representó su captura inmediata, sí marcó un punto de inflexión en la percepción pública y en el seguimiento de inteligencia sobre sus movimientos. El líder criminal continuó consolidando su organización, que se convirtió en una de las más poderosas del país, expandiendo operaciones y presencia territorial durante los años posteriores.
Sin embargo, este episodio también demostró cómo las comunicaciones directas entre grupos criminales y autoridades pueden convertirse en elementos clave para investigaciones y operaciones futuras. La presión institucional aumentó progresivamente hasta convertirlo en uno de los narcotraficantes más buscados a nivel internacional.
La historia de esta llamada ilustra la compleja relación entre el crimen organizado y las instituciones de seguridad, así como los desafíos que enfrentan los gobiernos para contener la expansión de organizaciones criminales. Más allá del impacto mediático, el episodio dejó una lección clara: el poder que pueden alcanzar estos grupos representa un riesgo directo para la estabilidad y la seguridad de las comunidades.
Con el paso del tiempo, el nombre de El Mencho se convirtió en sinónimo de violencia y expansión criminal, pero también en un objetivo prioritario que movilizó recursos nacionales e internacionales para su localización. La llamada que alguna vez buscó reducir la presión terminó, irónicamente, contribuyendo a colocarlo aún más en la mira de las autoridades.

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